lunes, 27 de mayo de 2013

Milagros inesperados




Es curioso lo que ocurre con el fútbol. En estos tiempos en el que el negocio se posa como una sombra que lo cubre todo, nos alejamos, nos ponemos reacios a seguir participando de la destrucción del juego propiamente dicho. Con mas asiduidad el espectáculo se vuelve algo raro en las canchas alrededor del planeta, y la cultura del "aguante por que si" sepulta las nobles intenciones lúdicas y de diversión que originaron su nacimiento.

Pero de vez en cuando, ocurren milagros. Suceden cosas mágicas, que nos reconcilian con este hermoso deporte que nos hacen vibrar de emoción, y sentir las mismas cosquillas, que la primera vez que pateamos una pelota, que la primera vez que vimos el verde césped desde la vieja tribuna de tablones.

Una de esas historias milagrosas, aconteció en el mítico Estadio Azteca, y el protagonista se llama Moisés Muñoz, arquero del América. Hace casi un año, mas precisamente el 3 de Junio de 2012, sufrió un grave accidente automovilistico, cuando perdió el control de su auto, en la carretera que une Mexico DF con Guadalajara. Junto con el iban su mujer, y sus dos hijos, quienes también sufrieron graves heridas. Todos fueron trasladados al Hospital Angeles del Pedregal, de la capital mexicana. Las primeras informaciones sobre su salud eran terribles, y se especulaba con una lesión cerebral grave.

Con el correr de las horas, su estado de salud se estabilizó, y luego de varios meses de rehabilitación pudo volver a la práctica del fútbol. En una entrevista concedida a la televisión Mexicana, expresó que su sentimiento era que "Dios le había dado una segunda oportunidad porque tenia algo preparado para el". Y vaya si pasó.

Con el partido 1-1, Cruz Azul se estaba alzando con el Campeonato Mexicano, al haber ganado 1-0 el partido de ida. El reloj marcaba que solamente restaban algunos segundos para el final del encuentro. Entonces fue en ese momento que Moisés Muñoz emprendió la carrera hacia el área contraria, para tratar de pescar aunque fuera un rebote, para ir en busca del milagro. El centro llegó desde la esquina derecha, la pelota caía casi como en cámara lenta, mientras la lluvia le daba un marco de dramatismo a la escena. La pelota supera a todas las cabezas que se amontonaban en el área chica, y cuando parecía que todo se esfumaba, Moisés se lanzó en un palomita épica, impactando el balón, que haciendo carambola en un defensor de Cruz Azul, se metió en el arco, desatando una explosión indescriptible en las miles de personas que rodeaban el mítico Azteca.

El América volvía de la muerte futbolistica como el ave fénix, y llevaba la definición al alargue, y posteriormente a los penales, en donde el protagonista de esta historia, escribiría su nombre en los héroes del fútbol Mexicano, parando un penal, y dándole el campeonato a las Águilas del América.

Lluvia. Drama. Suspenso. Emoción. Nervios. Revanchas de la vida. Heroismo. Fuerza de voluntad. Todo resumido en apenas unos segundos en los que una delgada línea separa al cielo del infierno.

De vez en cuando, el fútbol nos regala estos milagros inesperados.

Y nos recuerda porque lo queremos tanto.

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